Funcionando en los Buenos Aires

Luego de nuestra partida de tierras bahienses (donde son todos misteriosamente altos) tocamos puerto en la capital federal montados en el rocinante motorizado cargado de bártulos innecesarios (que por cierto ya hemos abandonado debidamente) y nos aprestamos a sumirnos en los voraginosos aires porteños. Y tras casi un mes, volvimos a partir, con los pechos inflamados de felicidad, con las mochilas llenas de pláticas.
Atrás quedan el inclaudicable Igor, la biblioteca Diego Pombo, las murgas (otro día me explayaré al respecto), la niños de Isidro Casanova, la gente del Centro Cultural La brecha en capital, la gente del Olga Vazquez y la biblioteca Oesterheld (gracias Mariana) y la linda muchachada de Quilmes de volvé a la plaza (Sol, Tincho y Lu.)
Y adelante los amigxs y los compañerxs, que no veremos por algún tiempo, pero que siempre están; querido confraterno Federiquito, tantísimas gracias por todo (sepa que siempre está abierta la puerta para que se sume, al menos esporádicamente si el vagabundeo no es lo suyo); estimada compañera Lucía, usted si que entiende de libertad y tiene sus brazos abiertos, gracias por ello; y bueno, a los demás también, tampoco es cuestión de andar nombrando uno por uno.
Buenos Aires, hasta la vuelta.