Desmemoria y balancín



Los días caen cada vez más fríos a la hora de reposar por las noches y éstas llegan cada vez más temprano.  Eso es bueno, creo.  No importa. 
Febrero y Marzo, de acá para allá, bailando como podemos sobre los escenarios o sobre los suelos o en los lugares que fuimos encontrando.






Estrenamos Un sillón verde en nuestros neuquenes queridos, luego de un intenso y envidiablemente placentero proceso junto a nuestro super amiga Seba Fanello, que también es nuestra director fetiche y con quien se puede diletar, discurrir, embeberse hasta las mil de la madrugada, bailar, destruir el mundo, volver a armarlo, gritar como desaforadas; y con quien muy a menudo nos encontramos acordando en esto de construir con el teatro un vínculo sexo-afectivo de los más importantes.  Tres funciones por allá, a sala llena y todos henchidos de dicha.  El comando Álvarez, Gutiérrez y Martínez, con orden y sobresueldos siderales, llevó adelante todo de un modo muy profesional…Un día volveríamos, esperando la alineación correcta de los astros y las horas adecuadas nos sentábamos a planificar el regreso.  Regresamos.  Por el puente nuevo que ahora es el viejo, entramos a Viedma agitando nuestras cabezas de lado a lado.  A veces uno anda andando por ahí y de golpe conoce a alguienes que aparecen como si hubieran estado flotando desde los árboles de más allá o escondidos debajo de alguna piedra que alguien tiró para romper un vidrio, y resulta que cuando te querés acordar, zaz, ya tenías unos amigos.  Nati Gonzalez abrió la puerta de su casa y pasamos, previos abrazos y salutaciones correspondientes, y después todo fluye relajado porque no hacían falta mayores miramientos.  Con los afines funciona así, después viene la vuelta a la Higuera, el reencuentro con Iván, los asados, las cervezas, las Gonzalez (Valeria y Erica), los niños, muchos niños, las funciones, las gentes que van y vienen por el teatro (que son muchos y con todos se puede beber y charlar y estarse bien), la playa, los etc.  Viedma es algo así como llegar a un lugar en el que pareciera hubiéramos estado toda una vida, un lugar del que nos fuimos con cierto pesar y bastante tristeza, porque hubiéramos querido quedarnos más tiempo, porque uno se sube al auto y ya empieza a extrañarlos.  Sólo nos queda volver de vuelta. 
A eso sumale una más del Circo… y sacá la cuenta. 
Así, silbando bien alto arrancamos viaje, en nuestra nave, y la quedamos a unos pocos kilómetros de Chacharramendi y los días a la vera del camino, varados, en el mejor estado en que uno se puede encontrar, que vendría a ser el de la varaduría: en el que uno está obligado a no hacer nada porque no se puede y esto será para otro momento; pero pasan cosas raras cuando los loros chillan a la noche en grandes cantidades y se nos mezcla el encuentro de motoqueros y las vicisitudes del camino.  Salud La Pampa.
Y nos aparecimos de vuelta por nuestros pagos putativos y a la primera que nos agarró el fin de semana nos fuimos a habitar diligentemente y en perfecto orden policial la querida casa Tres Om, que siempre nos recibe con los brazos abiertos y las empanadas prestas.  Dos funciones del Sillón y seguimos…
seguimos viaje porque cargamos los tanques y nos propulsionamos de vuelta a la ruta. 









 





  

Por lo pronto volver a volver a los Buenos Aires y ahora estrenar en capital, en el teatro La Otra Cosa, que un poco también es como nuestra casa, y se puede pulular felices con las alas agitadas.  Dos funciones más, repletas, todo supuraciones vibrantes y el placer de terminar de hacer función y poder dejarse estar en un asiento, debajo de la noche, con una sonrisa de oreja a oreja.
Por último, ya diciéndome basta porque si no sigo toda la tarde escribiendo y aburro, nos enfrascamos en el delirio de guturalizar religiosamente para recibir el fin del mundo.  Ardua e intensamente, con poco descanso creamos la iglesia gutural para el final de los tiempos y presentamos nuestros oficios: Pequeño organito para el teatro, figuraciones de lo identitario en la despresurización de la postmodernidad y Apéndice: estructuras analíticas sobre el desfasaje epistemológico de los estallidos metalingüísticos.  Y estabamos todos y más: Janos, Noa, Fabri, Lucy, Fer y, sin duda, la revelación de la noche, Tomás Epstein en el papel de Padre Ultraje. ¡Es palabra gutural! Y buen viaje…