Sudar en la escena; contaminar la escena; etc.

Después de un periplo enigmático y medio de incógnito, desde el origen de la primer versión de la dramaturgia (allá en un Junín muy misterioso) hasta la última gota de sudor que ya caía como por obligación, para no dejar de sumar al ingente lago de transpiración que hacía brillar (literalmente) el escenario rockanrollistico del Teatro El Viento, estamos en condiciones de brindar y apoyar nuestras espaldas en el sillón.  De refregarnos las lagañas en nuestros ojos y dejarlos, por un instante, en la mesita de luz.
El domingo estrenamos la cuarta producción del Teatro de Tersites, con un marco inmejorable, rodeados de afines, con la lluvia acompañando (que para los que no lo sepan en Neuquén es todo un acontecimiento (que llueva)) y cargados y recargados de devenires.  Creo que a todas las personas involucradas en esta obra, nos cuesta considerablemente mucho pensarnos por afuera del teatro; o no pensar al teatro como uno de nuestros mayores vínculos sexo-afectivos.
La Seba Fanello y la Fabrizio Avila, son dos de las personas preferidas para embarcarse constantemente en esta cuestión.  Espléndidxs como ellas solas.  Y no digo más, porque no quisiera privar de las sorpresas a los futuros espectadores.
Un sillón, va.
De más esta decir que hemos sido capaces de llegar a esta instancia en parte porque no podríamos hacer otra cosa, o si, pero sería muy aburrido o bastante triste;  y en parte porque hay personas que confían y nos ayudan, las entidades y los organismos pueden seguir paseando por otros lados  (que mientras estamos bien) si cada tanto aparece Javi Cente con su ojo biónico radioactivo y su lente prodigiosa, Silvia Perez con su incanzable rol de proveedora de cobijo y alimentos y cosas y etc, Maxi Perez quien con su infatigable minuciosidad y sus dotes ingenierísticas nos proveyó de una fantástica consola de luces (envidia, seguro, de todos los grupos pobre como el nuestro), Lucía Arias quien fuera parte del proyecto en un albor y confiara en este trabajo desde un principio, José Alonso quien (aparte de sus saberes rimbombantes albergados en su Jochipedia) nos facilitó algunas cosillas para la escenografía, Omar Perez quien ha resguardado bajo su tutela la puesta a punto de la nave que ahora cuenta con dos hermosos tanques propulsores y anda que parece que vuela; Matías Jacobson proveedor oficial de cartones, maderas y vinilo transferible, Juliana Avila cuyos colores bañan nuestros vestuarios y el inconfundible Facundo Avila quien ha sido capaz de conseguir las bolsas para la evidencia; y por supuesto a todas las personas que expectan, que asisten, que se aparecen, que vienen, que confian en nuestro teatro esporádico, errabundo, alegre, y sobre todas las cosas sudoroso.