Requiem para un encuentro (o memorias inmediatas de un payador intergaláctico incapaz de ser abstemio)



¡Primera! Los vapores etílicos ya se han ido; ascienden al firmamento con forma de saludo o de resaca, pero eso ya no importa. 
El Negro Quinteros ya lo puso en palabras, el Tinku es el encuentro, el afecto que trasciende la tiranía del tiempo, y por que no, también el ejercicio de alzar el brazo y chocar la copa.  Y el Tinku, pasó: Salud.

¡Segunda! Las partes: las partes en el Tinku, son todo, o es todo, o algo así.  Porque las partes se amalgaman y se unifican en un entramado con motivos de fiesta.  Los Tocafondo ponen el agite ya desde el murgón, arreando caravanas de espectadores, marcando el ritmo, sacudiendo la modorra.  Y por ahí también baja la Chechu, gritando en cada una de las esquinas, vociferando a viva voz que "ya comienza", Kike que baila con una agilidad envidiable, Caro que con su cámara fotográfica (de la cual se ufana orgullosa) va agarrando estampas y fijando retratos; y por ahí atrás pasa Maxi saltando con sus zancos mutantes, el Chuza lanza las clavas un poco más acá, el Seba Chazarreta le da duro al redoblante; Carlita, Lolo, Delfín y el resto de los chicos y chicas del Movimiento de Teatro del Oprimido de Jujuy que pusieron el swing.  Y las murgas, las del Reves, la del Mate Cocido, la de Calpini, la de Pechando, la de crecer y todas y todos los que hacían sonar zurdos y redoblantes.



¡Tercera! Y el taller ferroviario que ofició de espacio, que si bien la acústica era particularmente especial, la contrarrestaba con belleza de letanía o de tiempo extrañado (y si bien, seamos sinceros, la primera impresión que tuvo este humilde relator cuando atravesó los portones, cerca del mediodía, fue de: ¡Oh rayos! (y acá viene el dato de color, infaltable en todo intento o ejecución de movidas que implican crear o sostener los espacios culturales para generar redes de intercambios de historias y encuentros por fuera de una práctica elitista; todo intento de generar o sostener esos nexos sin que lo que prime sea el lucro o el negocio; todos esos intentos o casi todos, cuentan con el nulo o escaso apoyo de las autoridades y esta vez no fue la excepción [ACLARACIÓN: Estas palabras sólo provienen de quien suscribe, Fernando Avila] el establecimiento fue entregado en pésimas condiciones de higiene.))  Pero como el encuentro se presta a eso, al encuentro, y el trabajo es encuentro, más si se tienen objetivos comunes.  Las compañeras y compañeros no repararon en embarrase, en poner la escoba y blandir el haragán (para aquellos no iniciados en el tucumanismo: es el secador o trapeador) y en tiempo record el lugar quedó impecable.  Y ahí estaba Pablito Mellace, el Flaco Palermo, los hermanos Bronson (que son Pablito Bonel y Maurito), Vero dándole toques de ornamento, Marcelo, Anita, Chechu, Kike y muchos más.


¡Cuarta! Quería sólo hacer una breve reseña, pero se escapa de las manos, y todo se prolonga y se extiende.  Porque al fin y al cabo, era un encuentro de teatro popular.  Pero el teatro sucede, es efímero, digamos que es volátil.  Como un suspiro, como una llama, o como un fénix: nace y muere constantemente para volver a hacerlo.  Por eso, no tiene sentido hablar de las obras.  En un encuentro de estas características los criterios estéticos son dispares, disimiles; las búsquedas son heterogéneas y eso es lo que enriquece.  Desde el teatro del oprimido, el clown, el circo, el drama, la comedia, los objetos, los estilos, las formas, los etc.  No me voy a explayar más, pero si brindaré por todos los compañeros que le pusieron el cuerpo y el trabajo, incluso en los casos en que los azares o los contratiempos le agregaron una pizca de dificultad [ :) ] como en nuestra incursión a los Pocitos con Las Mandadas, o el ingente esfuerzo por hacerse escuchar del bicho Nemeth que laburó sin micrófonos, o los chicos de los Chaplán que tenían apagones de luz misteriosos, o los de casa Luján que la acústica los tenía a mal traer (y encima me quedé sin pilas en la cámara, para enojo de Chechu), por todos ellos y todos los otros. Salud, salud.



¡Quinta! es la mención particular, el abrazo fraterno.  Es el sacarse el sombrero o palmear hombros para todos los que están detrás (y a la par) del encuentro.  Porque estamos quienes llegamos un día antes o el día mismo del comienzo.  Pero están los taficeños, los tucumanos, los que le ponen en el cuerpo y el tiempo a organizar todo.  Los que pasan buena parte del año para que en estas fechas nos puedan ser abiertas las puertas de su casa, los que gestionan las funciones, los corren de un lado a otro, los que sostienen la lucecita de un espacio ganado y construido hace ya 17 años.  Para todos ellos, el reconocimiento.  Para los que están desde el principio, para los que llegaron después, para los que van y vienen y sobre todo para los que este año estuvieron ahí, al pie del cañón, con ojeras, con rostros cansados, esbozando sonrisas.  Kike, Chechu, Pablo, Caro, Fernando, Roberto, Los tocafondo, Mercedes, Luigi, Tatan y todos los que están ahí, o por ahí.



¡Última! Y podría seguir, pero mejor no, mejor frenamos, porque ya la gente se aburre.  Hola... ¿hola? ¿quedó alguien ahí? Es probable que no.  La última noche, memorable como todas las jornadas finales queda en el recuerdo (o tal vez no recuerden nada) de los que vencieron la duermevela.  El plenario escupió sus conclusiones y hay registro de todo, así que no redundo por aquí.  La mesa panel vomitó experiencias más que interesantes sobre el trabajo a lo largo y ancho del pais: el club de espectadores allá en tucumán, el trabajo social y cultural de la Grieta en Rosario, el laburo del Birri en Santa Fé, la Sodería en san Miguel, el piletón como espacio de resistencia, la Primitiva en Catamarca, el Movimiento de Teatro del Oprimido en Jujuy y el laburo propio de cada uno de los grupos de teatro.  



y como no podía ser de otra manera, no faltó.  No.  No faltó: la limonada payasa dijo presente.  Limonada payasa by Ñaka Ñaka (una vez más salud).















PD: No quisiera que se lleven una mala impresión de quien suscribe, casi que juro que todas las reminiscencias etílicas fueron un recurso poético.